El lunar



La luz de las velas se extingue lentamente, la cera derretida cobra formas extrañas y caprichosas, como las ideas que rondan en la cabeza de Mike, pero está vez no solamente son esos pensamientos que vuelven una y otra vez, ahora también siente unas pulsaciones distintas, inquietantes. … 


ese lunar que tienes, cielito lindo junto a la boca,
no se lo des a nadie, cielito lindo que a mi me toca… 

La letra del bolero le recuerda algo. En medio de la melancolía que lo embarga, y tras apurar la última copa de vino, con los ojos hinchados y el pelo revuelto de tanto hacerse preguntas sin respuesta, en medio de otra noche de agobio, de pronto se le escapa una sonrisa. Una sonrisa tímida al principio, como si tuviera vergüenza de cambiar su semblante triste por un atisbo de alegría.

Mike finalmente sonrió, después de tantas noches. Al escuchar ese viejo bolero, recordó que ella le había contado sobre sus lunares. En un momento de la conversación, le confesó que uno de ellos estaba ahí, en la espalda, e
n el límite entre lo visible y lo prohibido,...

Sonrió nuevamente, imaginando cómo sería ese lunar y  como un punto de deseo que invitaba a explorar los confines de su piel. ¿Acaso ver ese lunar sería la señal para seguir el camino hacia la felicidad? ¿Acaso... si ella le mostrara ese lunar...? Sería una invitación a pasar esa línea?Acaso....

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